Tuve, alguna vez, una sombra. Me sorprendió un mediodía
de verano, tendría unos seis años. Me encantaba sentirla mi amiga y andaba
buscándola en cada espacio de luz; al lado, atrás o adelante. Mi sombra me
seguía o me acompañaba. Era mi mimo propio. Cuando descubrí que era mi esclava
la liberé. Ella no entendía y se quedaba de noche junto a mi lámpara procurando
comprender.
Pero conseguí convencerla, se fue y no regresó. Tomó su camino propio. La he visto bailar, seducir, engañar y huir por todos lados. Se ha mimetizado con otras sombras. Se ha sublevado y es transgresora. Desde mi rincón, solitaria, la miro. La envidio, la quiero otra vez presa de mis trucos de sobrevivencia.
Ella no va a regresar. Es libre y le ha gustado ser la sombra de otras que no saben que la tienen.
Pero conseguí convencerla, se fue y no regresó. Tomó su camino propio. La he visto bailar, seducir, engañar y huir por todos lados. Se ha mimetizado con otras sombras. Se ha sublevado y es transgresora. Desde mi rincón, solitaria, la miro. La envidio, la quiero otra vez presa de mis trucos de sobrevivencia.
Ella no va a regresar. Es libre y le ha gustado ser la sombra de otras que no saben que la tienen.
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