sábado, 9 de marzo de 2019

Viejas, putas y rojas




De esas rojas putas
heredé el gusto por el tabaco y
la pasión por los que están bajo presión.
El gusto por la letra impresa y estrictamente leídas...
El inmune sabor de lo que podría ser una revolución,
la clarividencia para detectar a los fascistas,
el terror a las capuchas desaparecidas,
el pánico a los autos de patrulla,
el asco impoluto a todo uniforme,
el asedio de noches en blanco, pensando.
El amor al orgasmo libre sin trámite alguno.
De esas viejas rojas, putas
me he heredado casi todo
Ahora soy yo la vieja, la puta, la roja,
delirante en este mundo de computadoras,
la que sigue soñando y sigue enarbolando consignas
la que escribe y sigue pensando en los de más abajo
la que se duele sin tregua de lo que no fue
la que parió hijos y perdió hijos
la que alborota a los nietos soplándole frases
la que sigue escribiendo en esta madrugada
atroz de calor y humedad, sobre
las mismas ideas de las viejas putas y rojas
que una vez fueron mi sangre,
anarcas, comunistas, putas, bien putas,
locas, muy locas,
así, las he heredado y me dispongo a seguirlas legando,
a otras, a otros, a muchas, muchos…. si puedo…

viernes, 11 de enero de 2019

Obstinación

Obstinación 

El tipo obstinado no habló ni una palabra. También era consciente que no le entendían nada. Además sentía una culpa más alta que sus casi dos metros y más pesada que sus cien kilos. Vivió en el manicomio unos veinte años con un mutismo cerrado, una conducta ejemplar y una rutina de higiene y paseos diarios que para nada parecían acorde al diagnóstico psiquiátrico.
En los años cincuenta había partido de Inglaterra en un barco que funcionaba mal, era noruego y aceptó viajar como mecánico a bordo porque tenía cuatro hijos y había huelga en su país. No hablaba inglés y se manejó por señas y monosílabos incongruentes por la ira de que le causaba el idioma y el exceso de alcohol. 
Cuando se detuvieron en Brasil, destino obligado y demorado por el mal estado del barco, bajó y pereció bajo el calor y la caña brasileña. Se volvió loco al segundo día, rompió medio bar, lo llevaron detenido y para cuando regresó en sí el barco había zarpado sin él. Fue el segundo ataque de locura.
Lo detuvieron nuevamente y decidieron sin demasiados preámbulos internarlo en el manicomio. Fueron apenas unos días de agitadas horas delirantes, enseguida se adaptó resignó olvidó. 
Amanecía y era el único que se higienizaba con agua helada. El único que tenía su rincón limpio, su ropa limpia. No pedía nada, no molestaba, ni siquiera hablaba.
Solo canturreaba en una lengua que creyeron propia de su demencia. Y ese canturrear después de veinte años lo rescató. 
Alguien entendió la lengua, alguien se ocupó de averiguar y de revisar su verdadera condición. Alguien rescató un diario de una familia noruega que lo había buscado. Y después de infinitos trámites burocráticos, el coloso rubio, el loco callado que cantaba en lengua nórdica, subió a un avión y regresó a su tierra. 

Aun tenía la espalda erguida y un poco de esperanza en los ojos de hielo...

miércoles, 9 de enero de 2019

Calor

Calor

Andaba caminando por la casa sin tregua por el calor endemoniado. El ventilador era inútil. Se había bañado tres veces,se puso apenas un camisón largo y se dispuso a tomar algo en el balcón. Tenía más de alcohol de lo habitual el vaso, pero pensó que le haría bien para dormir. 
Se cansó de los mosquitos en el balcón, se seguía ahogando con el calor denso, húmedo, pegajoso. Se acostó predispuesta al insomnio y dejó el ventanal abierto, los dos ventiladores agitando el aire de infierno.
Fue en el filo de la madrugada que divisó la silueta en la ventana y decidió callar. Lo vió entrar a tientas y torpemente, ladronzuelo inexperto pensó. Cuando tropezó con la cama y sintió la mano que lo atrapaba el ladrón tembló del susto. No sabía lo que le esperaba. Una mujer solitaria, en una noche de calores y menopausia puede, de golpe, transformarse en una fiera. 
Era, como lo intuyó , joven, torpe e inexperto.

Se fue de la casa sin robar nada más que unas buenas lecciones sobre cómo hacer el amor a una mujer solitaria.

lunes, 7 de enero de 2019

7 brujas 7

7 brujas 7

Mi madre te hacía comprender que no importaba  el trabajo que una mujer hiciera, había que tomarse un tiempo para cuidar la piel. Mi madre, bruja mayor de la cofradía, tenía manos hermosas y estaba siempre agitándolas, hasta dormida. Espantaba así, en los sueños, los maleficios o atraía los espíritus benévolos.
La segunda hermana , la mayor de mis tías, era muy trabajadora, inagotable día y noche, noche y día.  Te recordaba que cuando de trabajo se trata, el esfuerzo debe de ser "dar lo mejor". Sus lociones para ahuyentar dolores de todo tipo eran infalibles.
Mi otra tía, la tercera bruja, nació con una cabellera gris de plata pura, era artista de la tijera y la aguja, cualquier trozo de tela se transformaba en algo sumamente elegante cuando pasaba por su caldero.
La cuarta tía bruja, tenía el don de los secretos. Sobre su espalda delgada pero firme pendían todos los secretos ancestrales de la familia, buenos y malos. Era la guardiana y sólo los daría a conocer de haber peligro inminente de vida o de alma, que es casi lo mismo.
La quinta bruja tía era romántica por excelencia. Podía curar amores contrariados, amores emperrados o terminar los amores desgraciados. Hizo y deshizo parejas a diestra y siniestra. Celestina por naturaleza propia pasaba el día leyendo novelas o cantando con voz de flauta canciones románticas. 
La sexta tía bruja era madre de siete pequeñas brujas que nacieron de una sola vez y le robaron los poderes pero conservó el don de amamantar hasta casi sus ochenta años. Su leche alimentó generaciones de brujas.
La séptima fue la única bruja famosa, curaba empachos, mal de ojos, hacía conjuros para amores o desamores. Cobraba carísimo su tarot infalible o sus predicciones numéricas.
Las siete podían hablar con los muertos, con los animales o las plantas. 

Decidí heredar un poquito de cada una y fue así como me fue legado el don de contar y escribir historias.

Lobo, estás?

Lobo, estás?

Quería ser otro lobo, estaba tan cansado de ser malo que decidió ser el bueno. 
Ser bueno resultó carísimo porque sonreír, sin limar la agudeza de sus colmillos era algo imposible. También era necesario limar sus garras y dejarlas romas, inofensivas.
Esmerado en su aspecto don Lobo aprendió a usar lentes negros para ocultar su mirada que, en presencia de ciertas chicas, se volvía libidinosa. 
Su largo y salvaje pelaje se modernizó y rastas con colores lo remplazaron. También optó por un tatuaje que lo hiciera ver joven,actualizado.
Terminado de esa forma el aspecto exterior decidió intentar oprimir su lobo interno. Consultó y le aconsejaron la danza y la música para afinar la sensibilidad y educar las sensaciones. Le sugirieron también la literatura pero era muy lento en lectura y no tenía buenos recuerdos de los cuentos.
Las clases de baile eran carísimas y además, le mortificaron severamente las patas traseras que eran las únicas permitidas. Las delanteras eran tan torpes que se agitaban sin poder soltarse.
Las clases de música fueron otro completo desastre, le gustaban los instrumentos de viento pero su aullido natural era tan potente que apagaba todos los ritmos.
No crean que desertó fácilmente, necesitaba transformarse, ser un héroe, dejar de asustar, ser de una vez por todas, el bueno.
Porqué justo a él le había tocado ser el malo que se comía a los personajes tiernos, sin contar a la vieja que había estado bastante dura. Pensando en esto estaba, ensimismado y contrariado, cuando se dió cuenta que el mejor disfraz usado justamente el de la abuela, había sido bastante bueno.
Decidió transformar por completo su aspecto y le salió tan pero tan bien que ya no necesitó más nada.
Bailar se le dió mejor, cantar le fue normal, no tuvo pereza para la manicura y le gustó nuevamente agitar su pelaje salvaje. 

  • Ser loba no es igual, pensó, pero si es mucho mejor pues desde Roma y con Amor, ser loba elijo desde hoy.
  • Aaaauuuuuu aulló el lobo en loba transformado y decidió ser alfa beta y gama para siempre al frente de su manada.

viernes, 4 de enero de 2019

Papelita


Le pusimos Papelita porque era tan fina como un papel. Tan delgada como una hoja de árbol cuando se suicida tirándose del árbol. Tan grácil como un avión de papel de arroz. Tan pero tan delicada que cada hueso amenazaba a quebrarse con un mínimo golpe.
Hubo una época que derrochó popularidad y se ocupó de esa página en los diarios locales que sólo ella podía hacer. “ La dama de sociales” había llamado Onetti,en un cuento bastante cruel, a la mujer que cubría esa sesión imposible para un periodista.
Papelita fue por años esa dama que dibujaba en lenguaje excelso las fiestas de los ricos. Tenía un amplio vocabulario para describir adornos, telas, peinados, modistos y diseñadores. Aprendí que los adornos que ponen en las mesas de fiestas tenían nombre. Nunca hubiera entendido, sin su explicación, que los zapatos se podían calificar. Y las faldas también e incluso, los trajes masculinos. Y mi paleta de colores se acrecentó infinitas veces con nuevos tonos gracias a su lenguaje prodigioso.
Papelita vestía con elegancia propia y podía lucir muy bien a pesar del sueldo miserable que le pagaban. Aprendió a vestirse, peinarse y maquillarse con un secreto arte casero que hasta las personas más ricas, aceptaban como buenas. Sus colores siempre limitaban con tonos ocres y marrones,su piel cobriza le iba a tono.
Por años mantuvo a raya su delgadísima figura con una dieta de monje, hizo gimnasia como adolescente enardecida y se escapó de uniones desagradables porque odiaba “atender “ a cualquier hombre dentro de su casa.
Coleccionó algunos amantes y después los tiró sin culpa. Jamás aspiró a casarse, tener hijos, o adaptarse a ser una solterona.
Cuando la jubilaron el arco de su columna se dobló como junco, los ojos marrones se taparon de patas de gallo y se fue olvidando de a poco el nombre de todos los adornos y vestidos que describió por años.
Papelita adelgazó sin tregua y ya no hizo gimnasia. Era cada día más parecida a una hoja de otoño.
La vimos salir revoloteando una mañana de abril y pensamos que era falso, que sería ilusión óptica. 
  • Las mujeres que han sufrido pueden volar, me dijo mamá 
  • Las mujeres incomprendidas, se alejan en un vuelo increíble, aseguró mi hermana.
  • Papelita leía mucho, era tan culta, por qué voló, seguía insistiendo yo que era demasiado joven.
  • Porque no pudo con esta sociedad...hizo lo que la dejaron hacer, dijo mi amiga.
Papelita voló con el primer viento loco de un otoño ocre. Los diarios locales jamás lograron otra crónica social para las fiestas de los ricos tan minuciosamente bien escrita como la suya y nosotras, tampoco logramos olvidarla.