Dicen los que saben que de tanto pensar las cosas, las
cosas pasan. Que de tanto desear algo, el algo sucede. Que de tanto hablar de
algo, el algo aparece. Eso sucedió no hace mucho con un príncipe azul.
Lo habían soñado hermoso y querendón en el reino de las
hadas, azul de lindo, azul de mar, azul de piedra, azul de todos los azules,
era el hombre ideal para dejar feliz a las futuras esposas. Se contaron tantas
historias con este príncipe encantado y encantador, que al final de tantos
años, necesitó aparecer.
Pero quién aparece debe mostrar que lo hace. Quién
aparece y muestra lo que otras soñaron debe cumplir con los sueños. He aquí el
problema o no. Si se puede cumplir con alguna parte de los sueños, será
maravilloso, ya será una gran cosa. Porque en realidad nadie recuerda cien por
ciento los sueños, así que con cumplir solo un poco, ya alcanza.
El primer gran problema de aparecer y parecer un príncipe
azul, era ser azul sin que eso, lo hiciera feo, porque en los cuentos se habla
siempre de un joven hermoso. Así que
debió aparecer azul, un azulino suave, que no asustara, que no lo desfigurara,
que no lo hiciera menos humano y que por el contrario, lo hiciera más hermoso
que un simple hombre de la calle.
Juntó todos los tonos de azul que tenía y los unió, fue
un derroche de colores azules en una especie de paleta que quedó de un tono
entre celeste, gris y azul piedra. Ahí tomó el color para fijárselo en todo su
bello cuerpo. No debo contar acá cómo era su bello cuerpo: él ya había copiado
los mejores modelos de las buenas esculturas y buenas pinturas que pudo
observar.
Ahí estuvo solucionado el primer reto: ser un príncipe
azul y bello.
El segundo era llegar: porque llegar llega cualquiera que
se lo proponga pero él, no podía llegar sin impresionar, sin que todas y todos
miraran asombrados. Tenía las herramientas justas como para aparecer y que la
humanidad entera lo admirase, solo necesitaba ajustes por allá y por acá. Que
no era cosa de aparecer en la historia y asustar o espantar por la forma en que
llegaba. No, el príncipe azul tenía, pensaba él, que llegar y dejar a todos
asombrados pero nunca, nunca, asustados. Más bien debía de despertar simpatía,
como los héroes, no temores como los ogros.
El tercer reto era que tenía que rescatar a alguna joven
bellísima en aprietos. Podían ser aprietos del sueño, dormida la encontraría,
aparentando estar muerta o muerta envenenada, debajo de la piel de un asno, en
una cocina toda sucia de cenizas…así o
en peores condiciones debía encontrarla. Y fue a mirar y vio que no
había ninguna. En condiciones distintas y más desesperantes sí había, montones
de mujeres. Pero tenía que elegir una. Y no sabía a cuál rescatar: a la
emancipada mujer que había perdido el amor, a la dulce niña siempre enamorada del
hombre incorrecto, a la que aún le prohibían mostrar su rostro, a la que
todavía no respetaban, a la que andaba siendo madre y no tenía apoyo, a la que
era estudiosa y no la valoraban, a la que trabajaba y le pagaban menos, a la
que le pegaban todos o casi todos los días…en fin, el príncipe azul debió hacer
una cuidadosa lista de todas las mujeres que estaban en situación límite y
necesitaba ser salvada por su real y azul majestad.
Eligió equivocadamente a la que anda buscando el amor y
no lo encuentra, quiso ser de verdad un príncipe romántico. No era seguramente
la que más necesitaba un príncipe azul que la salvara pero él, quería ser
romántico. Ya expliqué que su problema había sido leer demasiadas historias
donde los príncipes encantados eran realmente encantadores.
En ese momento, en el de la elección, se dio cuenta que
enfrentaba otro reto: en qué momento aparecer. No podía ser cualquier momento.
Tenía que encontrarla en un lugar especial y en el momento más oportuno, para
que así realmente se cumplieran todas las expectativas sobre su persona.
Necesito decirles que no existen personas o situaciones
perfectas, el príncipe azul volvió a equivocarse, decidió aparecer cuando la
mujer, aquella chica que no encontraba el amor, estaba dormida. Además de no
ser el momento perfecto, la despertó con las inmensas luces y ya nada fue
igual. Voló la magia al no poder despertarla con un beso.
Él había hecho un esfuerzo en que la nave se pareciera
muchísimo a un caballo alado y blanco, pero el arquitecto de su nave no era muy
afinado de pulso y aquello más bien parecía un camello lleno de luces
intermitentes. Claro que eso por otro lado, le valió el aullido de la gente
trasnochada. Muchos pensaron en dejar de beber esa noche. Otros pensaron en ir
a la iglesia. Otros simplemente no creyeron lo que vieron y otros, se pusieron
a rezar.
La chica en cuestión oyó a su perro ladrando furioso y
luego vio las luces incandescentes. Al principio pensó que soñaba pero cuando
pisó las baldosas frías del piso supo que no, aquello era un algo muy especial,
lleno de luces y extraños sonidos que estaba justo en su patio. No podía ver
nada. Luego distinguió su música favorita, la más romántica y bella por ella
seleccionada, que salía de aquel juego de luces que parecía un bicho con cuatro
patas.
Quedó en estado de hipnosis, no podía moverse, las luces
la encandilaban, la música la paralizaba y no podía hacer nada de nada. En unos
minutos o segundos, o tal vez horas porque ella perdió la noción del tiempo,
ese hombre azulino estuvo a su lado y la besó en la mano, como todo un
caballero de la edad media.
Al contacto con el beso ella se enamoró. Fue exactamente
como en las viejas historias, después del beso vino el amor a montones así de
grandes. Fue la primera vez que en nuestro planeta un extraterrestre enamoró a
una terrícola. De ahí en más los otros, envidiosos extraterrestres que miraban
este hecho, comenzaron a disfrazarse de príncipes azules y bajaron a la tierra
a enamorar mujeres desdichadas. Han encontrado muchas.
En estos momentos tenemos algunos problemas para saber
qué mujer está enamorada del hombre correcto, para nosotros el correcto es un
humano. Sin embargo creo que hallamos la solución: una mujer enamorada
felizmente casada con un hombre, que parece hombre pero no es, con la piel un poco extraña, que sigue feliz
a su lado por mucho tiempo, casi seguro que es una mujer que fue rescatada por un
príncipe azul de otro planeta.
Ah…también creemos que aquellas mujeres que siguen
enamoradas de su pareja por años, que los ven hermosos aun cuando se han
convertido en hombres barrigones y de bigotes, incluso calvos, hombres muy
lejos de ser lindos, pero y a pesar de eso, ellas siguen totalmente enamoradas,
son mujeres sospechosas de haberse enamorado de un extraterrestre que alguna vez,
fue un príncipe azul y ellas, obstinadas, los siguen viendo como tales.
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