domingo, 7 de enero de 2018

Abuela Otilia



Analfabeta por decisión patriarcal de la época, abuela Otilia decidió escribir, a pesar de ellos. Ellos eran los once varones incluyendo al papá y dos tíos que nunca se casaron. Huérfana de madre desde los diez años, sirvienta casera y custodia de la casa desde entonces.
Nunca sabremos cómo lo logró pero ella adivinó que si aprendía a leer y escribir, seguro, sería un poco más libre y feliz. Y cuando daba la última limpieza a la cocina, se escondía en un rincón y aprendía. A los catorce años comenzó una especie de diario que nunca finalizó. Después la sorprendieron los poemas y también, de a poco, fue narrando historias de otros.
Cuando se casó, marido elegido por los once varones de la casa, como condición esencial le pidió al futuro esposo, permiso para escribir y leer sin horarios fijos. Él hombre, muy enamorado y muy mayor para ella, aceptó sin sospechar.
Abuela Otilia fue madre y esposa y luego abuela ejemplar. Cumplió todas las obligaciones y tuvo siempre la mesa lista, las camas ordenadas y la ropa prolija. Jamás una duda ni un reproche se escucharon de su prole. Cuando ya era mayor y nosotras, sus nietas, jugábamos sobre su cama, nos develó el secreto.
Ahí debajo de esa cama donde hizo sus hijos y vio morir al marido, ahí estaban las miles de hojas fielmente escondidas y dobladas. De esos cientos de relatos rescatados luego de su muerte muchos nos asombraron, otros nos avergonzaron, otros nos hicieron llorar y otros, reír a carcajadas. Quién fue realmente la abuela Otilia... ¿la analfabeta obediente o las miles de protagonistas en que se transformaba cuando a escondidas, vivía...?



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