domingo, 2 de diciembre de 2018

Sentada



En el sofá de mirar la vida
la abuela sentada, espera,
mano sobre mano,
ojos allá lejos y una sonrisa 
leve, apenas perceptible,
endulza su cara.
Afuera se agita la vida,
ella, adentro, espera.
La sangre de su sangre
la carne de su carne, corre,
se apura, huye y se descalabra.
La vida de la vida suya también 
anda por los caminos, las rutas,
los mapas, con apuro... la máquina 
de producción los devora.
Ella, sentada ve pasar, ve girar
la vorágine que ya no es suya,
Ahora, se dice, me toca esperar...
Espera o vigila que pueden ser, la misma cosa.
Y con esa actitud, casi ingenua,
no debelará secretos. Los atesorará 
en su eterno baúl de recuerdos.
No se acuerda de casi nada, murmuran
los verdaderos ingenuos,
mientras ella repasa confidencias,
infidelidades, deseos, odios muy recónditos,
lejanos y de otros tiempos. 
Mira siempre lejos y no ve casi nada,
se preocupa su joven nieta,
ella mira allá, adentro. Y puede percibir 
angustias, envidias, miedos, siente
los celos y puede ver muertos. 
Una nunca sabe de verdad, qué cosas hace 
una abuela que divaga y se distrae, 
cómo más allá del tiempo.


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